El Sol,
en su zona más baja,
desde el horizonte,
con un tono rojizo-anaranjado característico,
propio de los amaneceres, o por lo visto propio.
Vibrante energía que llena el alma,
como si de una jarra vacía a llena se tratara.
Es una materia electrica, también llamada luz,
que inunda todo.
Son ondas de colores que se elevan y flotan por el aire,
se extienden en el vacío tanto existencial como espiritual,
o de otro modo dicho,
en el plano físico, y en el místico.
Éstas volutas, compuestas de los iris de tantos ojos,
recorren el tiempo y el espacio,
hasta colarse por los más reconditos abismos y rincones.
Es en aquellas oscuras esquinas,
los escondites de seres vacuos,
compuestos de cenizas internas frias,
que se revuelven incandescentes al primer toque de aquella energía infinitamente efímera.
Dandonos unos segundos,
cobra sentido y volumen la realidad que antes no era plausible,
aqui donde,
el tacto se hace audible y los tonos vibran,
desde el centro de comando,
creando una conga de neuronas tintineantes.
Por todo ello, eres consciente, tan solo durante milisegundos...
mientras las cándidas aceras,
las solas ideas,
de nieve negra,
de blancos barros,
donde tu piel,
es el absoluto,
el todo ...
... en ti converge ese todo,
en tu ser están formados los continentes,
tu cabeza es Asia,
y en tus extremidades se pierden los mares,
siendo tus pies el Muerto,
Eres el viento y las imperfecciones,
y se crea un horror vacui de grabados,
desde dentro hacia fuera,
y, en gradiente,
expulsas esa energía que, creada exteriormente hacia dentro,
ahora quiere fundirse en el universo,
de forma que si otra persona o alma,
ha sido consciente de aquestos intercambios energeticos,
inmediata e irremediablemente se establece una conexión,
un impulso que gime, llora y grita,
porque desde su nivel mas ínfimo,
busca.
No hay cambio, solo conciencia de que se es.
La cuestión no es ser o no ser, sino elegir ser o no ser.
No hay comentarios:
Publicar un comentario