Hay días en los que querrías dejar de existir,
en los que te preguntas el por qué de tantas cosas
y no sabes que responderte.
Se extiende una mancha negra sobre ti,
y te sientes opacado,
como si formaras parte de un eclipse,
y, sin embargo, tu te vas apagando, en vez de luchar por brillar.
A cada paso,
notas el peso de un corazón que agoniza.
Lo has intentado, pero has fallado,
de eso no hay duda,
y te consideras la mayor mierda del mundo.
No encuentras ni las palabras, ni la actitud para continuar,
y hasta respirar se te hace terrible.
Notas como el aire frio pasa por tus fosas nasales y llega a tus pulmones,
y cada aliento se te clava como mil agujas.
Ni siquiera estas triste,
es más una sensación de indiferencia,
de ni frio ni calor, sino todo lo contrario,
y lo peor es que a veces no encuentras el desencadenante.
Es un hecho sin más,
estás tocando fondo.
En ocasiones, te echas la culpa,
y te castigas tu solo dándole mil vueltas a las cosas.
Los días son largos,
y las noches eternas.
Compartes conversaciones de locos con la almohada,
que observa inerte sin darte una respuesta.
Te da rabia y, por más que lloras,
no amaina la tormenta.
Una lucha continua,
a veces, contracorriente,
otras, simplemente por cansancio,
te dejas llevar.
Vives en la eterna frase del "y si":
"Y si hubiera hecho esto",
"Y si hubiera dicho lo otro".
No creo que el destino este escrito,
sino más bien que lo escribimos nosotros,
y debe ser que algunos de nosotros,
todavía no habíamos aprendido a escribir.
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