lunes, 18 de mayo de 2015
Cuento: La mosca y la mierda
Una mosca volaba bajo el Sol de Mayo. Volaba dejándose llevar por el viento.
¿Quién iba a negar que el aire sabía mejor de rumbos que las propias intuiciones de la mosca?
Las alas planeaban en torno a la calle atestada, donde los humanos paseaban de un lado a otro buscando su propia brisa, que hiciera las veces de brújula del destino.
Cuando de repente:
-"¡ah! ¡vaya mierda olorosa y brillante en medio de todo este gentío! ¡Que suerte de imágen ante mis ojos! ¡Qué suerte la mía!"
La mosca descendió hacia aquel excremento con los ojos vidriosamente emocionados.
Pudiera ser que la ilusión creara una verdadera obra de arte en manos de aquella boñiga enorme que ocupaba media acera.
Sin embargo ¡vaya por Dios! Menudo moscón se había adelantado a la pobre mosca, quien al descender, decidió enzarzarse en una pelea por el tan deseado tesoro.
El moscón, que ya había escuchado a su compañera acercarse, preparo su estrategia rápidamente, ya que, por ser especialmente instruido en contiendas, sabía elaborarse un camino agradable de conveniencias personales pasando por encima de cuantos insectos hubiera que pasar.
Esta es la conversación que se dio a continuación entre las dos moscas:
Mosca: " Hola...eh...verás, estaba sobrevolando la calle porque ¿sabes? ¿Quién encuentra paseos tranquilos sin tantas compañeras merodeando, observando tus movimientos, juzgando conquistas, en estos tiempos tan duros? Para los animales que nos vemos abocados a la ciudad, hay que saber defenderse de todo, incluso los unos de los otros.
He visto desde lo alto este regalo pareciendo esperarme en el concreto, no había reparado en tu presencia, y creyendome dueña de tan buena mierda, he venido hasta aquí con el hambre que la ilusión me había suscitado. Por eso te pido, compañero, que me entiendas, que empatices con mi drama y compartas conmigo el manjar que, como veo, llevas rato degustando."
Moscón: " Ay pobre compañera de dulces ojos, eres dulce en tus palabras y correcta en tu sabiduría. En el mundo de estas bestias que se hacen llamar humanos, el tuerto es el rey, y fijate si estoy tuerto amiga mía. Me conmueve el dolor de tus palabras de juicio, tienes refranero de experiencias en tu corta vida, y tus alas hermosas dan fe de tan largos vuelos sin tacha. Es cierto, que hace rato vengo consumiendo este manjar que algún poco avispado habrá dejado caer sin darse cuenta. Hazme caso, cielo mío, este es sin duda, el mejor excremento que mis voraces fauces han probado. Sin embargo, te veo un poco cansada. Te veo triste pequeña mosca preciosa, ¿no querrías descansar un poco aquí a mi lado? ¿no te fías de tan buena intencionada petición? Yo cuidaré de tu descanso hasta que te hayas recuperado. Entonces podrás comer todo lo que tu pequeño estomago quiera engullir."
Mosca: " Cierto es, amigo mío, que llevo tiempo alzando el vuelo hacía algo mejor que toda esa maraña de infames bichos que me roban la comida con gozo. Eres diferente a todos los moscones, moscas y mosquitos que he conocido y, al haberte dado cuenta de mi buena voluntad y del cruel espanto que me ha rodeado, me haces sentir reconfortada en mi pesar. Hecharé una pequeña cabezadita aquí, a tu lado, como bien me has ofrecido antes moscón hermoso."
El moscón asintió elegantemente posando una de sus largas patas sobre la cabeza de la mosca que había caído rendida a sus pies.
Él la miró.
La miró los ojos.
La miró las patas.
Le repugnó enormemente su gesto desgarbado y la naturalidad de su expresión triste y desconfiada de un mundo que ella misma se había creado, y del que se había aprovechado él mismo.
Le acarició las alas.
Comenzó a hechar mierda encima de ellas.
"Jamás levantará el vuelo" pensó el moscón.
Primero, lo hizo cuidadosamente para no despertar a la despistada mosca que todavía mantenía los ojos cerrados. Pasados unos segundos y, guiado por los movimientos de su compañera, aún dormida, comenzó a recoger mierda a paso frenético, depositando grandes cantidades compactas encima de su cabeza.
En ese momento, las patas de la mosca se retorcían iniciando un baile decadente y humillante que el moscón ignoró.
Él simplemente se limitó a mover instintivamente más y más deposiciones hasta haber tapado por completo el cuerpo de la mosca, la cual intentaba, sin éxito, mover algún miembro de su cuerpo.
Las últimas respiraciones del pequeño insecto eran movimientos cada vez más evidentes de frustración ante la vida que se escapaba para siempre.
En ése momento, el moscón levantó el vuelo sin mirar atrás.
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