Hay cielos, en cuyo
paraíso interior te pierdes,
y solo ansías
escuchar tu propia voz gritando en sus entrañas.
Ahora, no solo
sientes el bostezo de un concepto feliz,
sino que LO
desconoces,
y permites que forme
parte de ti, dejándote llevar en tu silencio externo.
Sin pasado.
Algo que no es algo.
Eso que es, sin
existir.
Aquello que se nutre
de sí mismo y , en ocasiones, respira contigo y consigo a un ritmo.
Desde la cárcel de
las palabras, a tientas, manos buscan.
En el trastorno de
las ideas, la espiral emocional que la intuición crea, en conexión
con el mundo real, material y cognitivo, choca con una fuerza
directamente proporcional a la calidad de esa respiración entre tu y
todo y nada. Esto no es más que el auto desconocimiento, el cual
nace de su directamente inverso.
No conoces,
precisamente.
Entiendes tu pasado
segundo, con un cerebro experimentado que, como perro guardián,
duerme.
Solo sientes, no
comprendes.
Todo lo
(anteriormente) escrito, no es más que una falacia.
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